Muhammed ibn Abd Allah ibn Abi Amir al Mansur
llegó
a dirigir Al-Andalus durante varios decenios alargando la agonía
del Califato Andalusí. Ascendió de
manera vertiginosa en el núcleo del poder califal. Militar
con éxito y hábil político, pretendió
rivalizar con la hermosa corte de Madinat al-Zahrá, diseñando
y construyendo su propia Madinat al-Záhira. En una carrera
imparable, en la que es admirado y temido al mismo tiempo, Almanzor,
que no pertenecía a la Corte, no era alfaquí, ni contaba
con fortuna en su origen, llega a convertirse en la última
leyenda de la tradición andalusí. Su hijo Abd al-Malik
le sucedió en el cargo de “háyib”, administrador-gobernador.
De Almanzor se recordará que llevó el poder andalusí
a León, Zamora, Coimbra, Barcelona, etc. E hizo traer las
campanas de Santiago de Compostela hasta la Mezquita de Córdoba.