Tras la caída del Imperio Almohade,
Sevilla
queda en manos del Gobernador Axafat. Considerado
el último dirigente musulmán de Sevilla, resiste durante
un tiempo el cerco a la ciudad por parte del rey castellano Fernando
III. Una vez conquistada la ciudad, Fernando III le concede a Axafat
las localidades de Aznalfarache y Sanlúcar la Mayor. Posteriormente,
una vez conquistada por los cristianos, también le concede
la ciudad de Niebla.