Fue el emir cordobés Abderrahman II (788-852) el primero
en fundar un conservatorio musical en al-Andalus, siendo considerados
sus músicos como rivales de los de Medina, donde se hallaban
los más excelentes. En 822 llega a la corte cordobesa, procedente
de Bagdad, el músico y poeta persa Abu al-Hasan Ibn Ali Ibn
Nafi (789-857), más conocido por el sobrenombre de Ziryab:
«el pájaro negro cantor».
Sería Ziryab quien introduciría en las escuelas de
música andalusíes el sistema árabe-pérsico,
sistema que en la corte cordobesa era utilizado al mismo tiempo
que el sistema griego y pitagórico. Ziryab había sido
en la lejana Bagdad el alumno aventajado de dos importantes músicos
de la corte de Harún ar-Rashid, como fueron Ibrahim Ibn Mahán
de Kufa, y su hijo Ishaq. Ishaq al-Mausilí, al ver las cualidades
con las que estaba dotado Ziryab y que podían opacar las
suyas, presa de los celos, le obligó a abandonar la capital
abbasí.
Ziryab era un auténtico polígrafo:
poeta, literato, astrónomo, geógrafo y un refinado
esteta y un célebre gourmet, tanto que hay un antiguo plato
cordobés de habas saladas y asadas, al que se llama «ziriabí»,
pero ante todo fue un gran músico. Se dice que se sabía
de memoria las letras y melodías de diez mil canciones. Fue
el fundador de una gran academia musical y dio a conocer en al-Ándalus
el instrumento islámico por excelencia, el ud (laúd),
para el cual inventó una quinta cuerda. Según Ziryab:
«Las cuatro cuerdas tradicionales encuentran su equilibrio
en el universo. Ellas representan los símbolos de los cuatro
elementos: el aire, la tierra, el agua y el fuego. Sin embargo,
sus timbres particulares ofrecen analogías con los humores
y temperamentos que no existen en la naturaleza. He coloreado las
cuerdas para indicar su correspondencia con la naturaleza humana:
la primera, roja, representa la sangre; la segunda, blanca, representa
la flema; la tercera, amarilla, es la bilis, la cuarta negra, la
atrabilis (supuesto causante de la melancolía según
los antiguos). La quinta cuerda es la que ocupa el lugar principal:
es la del alma...». Ziryab fabricó sus propios instrumentos,
mejorándolos con innovaciones. Los diversos ritmos y melodías
surgidos de la escuela andalusí forjada por Ziryab, como
las zambras, pasarían a América con los moriscos y
se transformarían en danzas como la zamba, el gato, el escondido,
el pericón, la milonga y la chacarera en la Argentina y el
Uruguay, la cueca y la tonada de Chile, las llaneras de Colombia
y Venezuela, el jarabe de México o la guajira y el danzón
de Cuba. El mismo tango tiene origen flamenco, voz que según
el eminente andalucista Blas Infante proviene del árabe fellahmenghu:
«campesino errante». La mayoría de los flamencólogos,
incluso un intérprete y compositor de la talla de Paco de
Lucía, y un cantaor de los quilates de Camarón de
la Isla, afirman el origen andalusí-morisco de su especialidad.